El Romance del Veinticuatro de Juan Rufo y el Camino Real de la Plata

Juan Rufo Gutierrez nace en Córdoba en el año 1547. Inició estudios en Salamanca pero nunca llegó a terminarlos. Su vida está llena de avatares, hurtos a su padre, promesas de matrimonio incumplidas, jugador empedernido, sus deudas de juego le llevaron a tener que abandonar su ciudad natal, en 1569 escapa a Madrid con una muchacha de dudosa reputación. En 1570 se alista como soldado marchándose a Nápoles en la campaña contra los turcos y vuelve a Córdoba en 1578. Se casa en 1581 pero sigue con su vida desordenada con continuos viajes a Madrid y Toledo.

Cuando definitivamente se establece en Córdoba retoma el oficio de su padre, tintorero. Muere en esta ciudad en 1620.

Es autor de dos obras:

La Austríada (1584), en la que narra las hazañas de don Juan de Austria, con quien pudo compartir nave en su época militar. Esta obra fue muy alabada por escritores como el también cordobés Luis de Góngora y por Miguel de Cervantes.

Las seiscientas apotegmas con otras obras en verso (1596), formada por 707 apotegmas, que tienen gran interés para el conocimiento de la vida social de finales del siglo XVI. Esta obra está escrita con un gran dominio de la lengua y pone de manifiesto su gran ingenio. El romance del Veinticuatro abre el apartado dedicado a la poesía.

Este romance, basado en un hecho histórico ocurrido en el año 1448, relata la historia de Fernand Alfonso de Córdoba, Veinticuatro de esta ciudad, que asesinó a su esposa, Beatriz de Hinestrosa, a sus primos los hermanos Jorge de Solier, comendador de Cabeza del Buey y Don Fernando Alfonso de Córdoba, comendador del Moral, ambos de la orden de Calatrava y a los criados de la casa por encubridores.

Los comendadores visitan a su primo, casado con Beatriz, una hermosa mujer. Desde el primer momento Jorge y Beatriz se enamoran y rápidamente consuman adulterio, sin que el veinticuatro note nada. El veinticuatro tiene que ir a la corte enviado por la ciudad de Córdoba para resolver algunos asuntos y poco después se traslada también a Toledo Jorge.

El rey se da cuenta de que un anillo que había regalado a Fernand Alfonso lo lleva puesto en el dedo Jorge Solier y reprende al veinticuatro por la poca estima en que tiene su regalo. Esto da lugar a que este se de cuenta de su deshonra porque él se lo había confiado a su esposa.

Fernando regresa a Córdoba y comprueba la traición. Simula irse de cacería con Rodrigo, su criado. Regresa de noche y sorprende a los amantes, dándoles muerte.

Este trágico suceso dejó un importante rastro literario. El poeta Antón de Montoro escribió unas octavas sobre el tema, y un poeta anónimo compuso una canción que tuvo gran difusión en su momento.  La mas conocida versión es la obra teatral Los Comendadores de Córdoba de  Lope de Vega que fue escrita en 1596 e impresa en 1609 en la Parte Segunda de las comedias de Lope.

Pero ciñámonos a la versión de Juan Rufo. En esta, en el viaje de vuelta desde Toledo a Córdoba, (cuando el Veinticuatro ya se presentía la traición) Rufo hace una descripción del Camino Real de la Plata, señalando cada una de las poblaciones por las que discurre y haciendo comentarios que sin duda le acreditan como buen conocedor del recorrido, que debió utilizar en sus muchos viajes a Toledo y Madrid.

Orgaz,  Yébenes, Malagón, Peralbillo donde describe el lugar donde la Santa Hermandad ajusticiaba por asaeteamiento a los salteadores de caminos, Ciudad Real famosa por su vino, Caracuel, Almodóvar del Campo con sus grandes manadas de ganado pastando por el valle de Alcudia. La gran Sierra Morena la describe como un paisaje idílico pues su paso sucede en primavera, elogia su caza y las ventas del camino.

A su paso por Adamuz, Rufo dice que el veinticuatro fue conocido por muchos, aunque quiso pasar desapercibido. Era lógico que un caballero tan afamado fuese reconocido por miembros de las familias nobles cordobesas que habían fijado su residencia en aquella época en Adamuz.

Y en fin prosigue su viaje por el torcido camino, para llegar a Córdoba. Las muchas curvas del trazado entre Adamuz y Córdoba se recogen en otros textos literarios.

Del fragmento que relata el recorrido del camino entre Toledo y Córdoba reproducimos dos versiones, una la reimpresión de la obra de 1596 realizada por  la Sociedad de Bibliófilos Españoles que se ciñe al texto original y otra recogida en el Romancero General-Colección de romances castellanos anteriores al siglo XVIII, realizada por don Agustín Durán que recoge un texto en el que cambian muchos versos y que pudiera ser, según Ramírez de Arellano, una obra de juventud que después modificaría en la publicación de las Seiscientas Apotegmas, o bien una versión modificada por una persona anónima.

Los versos señalados en azul son distintos o no aparecen en la otra versión.

BIBLIOTECA DE AUTORES ESPAÑOLES – ROMANCERO GENERAL – COLECCIÓN DE ROMANCES CASTELLANOS ANTERIORES AL SIGLO XVIII

El Rey se la dio, y al punto
Se parte ya despedido,
Mostrando aquella templanza
Que mas cumple à su designio.
Pasa la puente del Tajo,
Celebrado y dulce río;
Llega á Orgaz, villa nombrada
Por el temple de los silos;
Luego à Yèbenes, que es pueblo,
Partido en dos señoríos.
De aquí vino a Malagon
La del refran bien sabido;
Después pasó a Guadiana,
Silvestre y amargo río,
Cuyas aguas son saladas
Y el pescado desabrido,
Dejando atrás los oteros
Del funesto Peralbillo,
Donde la horrible memoria
De los atroces delitos
Vive en tristes cuerpos muertos
Mostrando ejemplar castigo.
Poco más anduvo cuando
Pasò este andante afligido
La antigua Ciudad-Real,
Lugar sano y bastecido
De suave y blanco pan,
Dulces carnes y buen vino.
Prosiguiendo su viaje
Para acabar su camino,
Llegó a Amodóvar del Campo,
Próspera de vellocinos,
Y de todo cuanto importa
al muy útil lanificio;
Ricos campos ara y siembra
Y valles pace floridos,
Y alegres Sierra-Morena
Muestra sus cerros erguidos,
Abrigo del frío invierno,
Sombra del ardiente estío,
Y al fin, regalo ordinario
De cualquier peregrino.
Por aquí va pues Fernando
Lanzando ardientes suspiros,
Y era en el tiempo que Febo
De Aries había salido,
Cuando la naturaleza
Restaura lo que ha perdido.
Al árbol buelve la hoja
Que le quitó el yerto frio,
Y los prados reverdecen,
Las mieses hacen lo mismo,
y los animales fieros
De amores andan heridos.
Las aves en las florestas
Fabrican sus dulces nidos;
Los peces pueblan las aguas
De hijos no conocidos;
Las solicitas abejas
Con el blando susurrido
Sacaban dulces licores
de romerales floridos;
El aire sano y templado
Consolara a cualquier vivo,
Sino á aquel á quien fortuna
Tenia tanto ofendido.
Pasando por Adamuz,
De muchos fue conocido,
Aunque, de pura tristeza.
Quiso pasar escondido.
Despues que salió de allí
Por el torcido camino,
Vio desde un alto collado
El asiento esclarecido
De ti, Córdoba famosa,
De sabios ilustre nido…

LAS SEISCIENTAS APOTEGMAS Y OTRAS OBRAS EN VERSO DE JUAN RUFO – PUBLICALAS LA SOCIEDAD DE BIBLIÓFILOS ESPAÑOLES.

Ya parte de su presencia,
Y, de Jorge despedido,
Juzga el curso de las postas
Por carro lento y tardío;
Pasa La Puente del Tajo,
Famosísimo entre rios;
Llega a Orgaz, villa nombrada
Por el temple de los filos;
Luego a Yébenes, que es pueblo
Partido en dos señoríos,
Y después a Malagón,
La del proverbio esquisito
Dejando atrás los oteros
Del funesto Peralvillo,
Asombro de los traidores
Que saltean los caminos,
Porque la horrible memoria
De los atroces delitos
Vive en tristes cuerpos muertos,
Para que tiemblen los vivos
Atraviesa a Guadiana
Aquel que es dos veces hijo
De la tierra, pues su centro
Le da segundo principio;
En esto es privilegiado,
Y en lo demás lago estigio,
Pues tiene saladas aguas
Y pescado desabrido;
Ya toca en Ciudad Real,
Humilde en sus edificios,
Aunque sana por su temple
Y famosa por su vino.
Pasando más adelante,
Caracuel sale al camino
Y Almodóvar la del Campo
Próspera de vellocinos,
Ricos campos ara y siembra
Y valles pace floridos,
Vacas sustenta a millares
Y de ovejas mil apriscos.
Ya la gran Sierra Morena
Muestra los cerros erguídos,
Abrigo del frío invierno,
Sombra del ardiente estío,
Y, al fin, regalo ordinario
De cualquier peregrino,
Por la caza y por las ventas
De que abunda su gran sitio
        Era en el tiempo que Febo
De Aries había salido;
Cuando la naturaleza
Restaura lo que ha perdido:
Al árbol vuelve las hojas
Que le quitó el yerto frio,
Dando a las mieses y prados
De esperanza los vestidos;
Las aves, con dulce canto,
Fabrican sus dulces nidos,
Y los brutos animales
De amores andan heridos;
Los peces pueblan las aguas
De hijos no conocidos,
Incomparable extrañeza
Contra el natural cariño;
Las solicitas abejas,
Con el blando susurrido,
Sacan preciosos licores
de romerales floridos;
El aire suave y templado
Consolara a cualquier vivo,
Sino aquel a quien fortuna
Trataba como a enemigo.
      Pasando por Adamuz,
De muchos fue conocido,
Aunque, de pura tristeza.
Pasar encubierto quiso.
Prosiguiendo su viaje
Por el torcido camino,
Pasando de venta en monte
Solicito y pensativo,
Vió desde un alto collado
El asiento esclarecido
De ti, Córdoba la llana,
Y de tus campos elíseos, …

Como se puede comprobar en esta última versión (la original de Los seiscientos Apotegmas) se hace reiterada alusión a las ventas que jalonaban el camino y por el que también era conocido como Camino de las Ventas, sobre todo en el tramo entre Almodóvar del Campo y Adamuz en la que existían un gran número. En este tiempo entre estas dos poblaciones, separadas por una distancia importante, no existía ningún otro núcleo poblado, sino eran estas famosas ventas.

En otro momento nos acercaremos a otras producciones literarias, relacionadas con los Comendadores de Córdoba, que también refieren a Adamuz en el tránsito entre Córdoba y Toledo.

 

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