La Batalla de Adamuz

Según algunos autores del siglo XIX la batalla definitiva que permitió a Abderramán I hacerse con el control de la ciudad de Córdoba y fundar el emirato Omeya, tuvo lugar en Adamuz.

Estos hechos nos los relatan Miguel Lafuente Alcántara en el año 1844 en su obra “Historia de Granada”, en 1866 Luis Maraver y Alfaro en “Historia de Córdoba desde los mas remotos tiempos hasta nuestro días” y un año después en la “Crónica General de España” de varios autores.

Abderramán nació en Damasco en el 731. Cuando la dinastía Omeya fue derrocada por los abasíes, los nuevos dirigentes del califato masacraron a casi todas familia por el temor a que por sus influencias pudieran reconquistar el poder.

Abderramán consiguió huir al norte de África y con posterioridad a través de Ceuta llegó a la península donde previamente emisarios suyos habían tomado contacto con partidarios de la familia Omeya.

Las tensiones entre las tribus bereberes y árabes y la debilidad del Emir Yusuf propiciaron que pudiera pronto constituir un pequeño ejército.

A continuación reproduzco el relato que hace Maraver y Alfaro de este episodio. Al final del texto encontrareis los enlaces a las tres obras mencionadas por si queréis ampliar información.

Batalla de Adamuz

Al amanecer del dia siguiente se empeñó el combate. Abdu-r-rhaman montaba un soberbio caballos andaluz, formando contraste con el resto del ejército que escepto algunos gefes se servia de mulos. Algunos Yemenitas se permitieron murmurar de esta diferencia, suponer si se había hecho Abdu-r-rhaman de aquel fogoso caballo para poder escapar con mas ligereza, caso que la suerte le fuera contraria. Estas hablillas llegaron á oidos del principe que indignado de ellas, hizo llamar al gefe sevillano Abu-Sabbah que era uno de los que habían mostrado aquel temor, y que montaba un mulo muy tardo y viejo: Mi caballo es escesivamente fogoso, y no me permite pelear con desembarazo. Deseo montar un mulo, y acaso en todo el ejército haya otro tan pesado ni que me agrade tanto como el tuyo, que á fuerza de años se ha trocado de pardo en blanco. Mis amigos me reconocerán tambien en él, y de cualquier modo les servirá de divisa. Si la suerte nos es contraria que sigan al mulo blanco, y él enseñará á cada cual el camino del honor. Cambiemos.” ¿Pero no veis que Yosuf está tambien a caballos? repuso Abu-Sabbah enrojecido de vergüenza. “Sin embargo,” contestó el príncipe desmontando del caballo; y subiendo al mulo se metió lentamente en lo mas encarnizado de la pelea. Este solo hecho bastó para disipar los temores de los Yemenitas, que hicieron prodigios de valor.

La batalla estuvo algún tiempo indecisa. Los cordobeses sostuvieron los primeros choques con valor y hasta con heroísmo. Mas al cabo la caballeria del príncipe arrolló al ala derecha y el centro del ejército enemigo: Y Yosuf y As-Samil, despues de haber perdido cada uno un hijo, se vieron ala fin en la necesidad de huir para salvar sus vidas. El ala izquierda compuesta por los Caixitas y mandada por Obad fue la única que permaneció firme hasta la caída del sol y perdieron el campo despues de haber perdido la vida Obad y todos los Caixitas mas distinguidos.

En medio de este desastre huyó tambien el gobernador de Córdoba, que era un hijo de Yosuf, seguido de la mayor parte de las fuerzas cordobesa, con objeto de encastillarse y continuar la resistencia desde el Alcazar, pero se les antepuso Abbu-l-Aly ben Usaga, que cerró el paso por aquel lado y lo persiguio en todas direcciones, hasta que haciendo un esfuerzo de desesperación pudo romper por entre sus enemigos y penetrar en la ciudad, con todas sus fuerzas. Las de Abdu-r-rahman sitiaron la plaza con el firme propósito de no abandonar la empresa hasta rendirlas.

Los victoriosos Yemenitas recorrieron el campo que había abandonado el enemigo y restablecieron sus decaídas fuerzas con los abundantes ranchos que Yosuf habia hecho preparar para sus soldados; haciéndose además dueños de cuanto encontraron. Unos cuantos de la tribu Yemenita de Tay pasaron el puente y saquearon la aldea de Secunda, y especialmente el magnífico palacio que en ella poseía As-Samil; donde entre otras muchas riquezas y preciosidades encontraron un arca que contenía 10.000 monedas de oro.

Cuando Yosuf y As-Samil advirtieron que no los seguían ya sus enemigos; hicieron alto para reuniendo a los muchos fugitivos que iban llegando con los cuales consiguieron formar un pequeño ejército y se disponían á regresar sobre Córdoba. Avisado Abdu-r-rahman de la proximidad é intento del enemigo, dejó 10.000 hombres en el cerco de Córdoba, al mando de Theman ben Al-Cama, y salió con otros tantos caballos á encontrar a Yosuf, que se hallaba en los campos de Adamuz.

Escoltado Abdu-r-rahman por sus fieles Zenetes se adelantó hasta ponerse en contacto con las avanzadas contrarias; observó las posiciones del enemigo, los accidentes del terreno, el parage mas ventajoso para presentar la batalla; y dueño de todas estas observaciones, regresó a su campamento para instruir á sus caudillos, y convenir el plan de ataque.

Al rayar el alba se acometieron los dos ejércitos con terrible ímpetu y encono; y antes de que el sol llegase a la mitad de su carrera, huian ya los de Yosuf en completo desorden y amilanamiento, dejando el campo cubierto de cadáveres, armas y despojos.

Esta segunda victoria robusteció el crédito de Abdu-r-rhaman; y aterrorizó a sus enemigos. Tal sucedió á los cordobeses que, comprendiendo las triste situación en que se encontraban, aconsejaron al hijo de Yosuf entregase la ciudad, pues tenían por temeraria toda resistencia contra un príncipe tan valiente como afortunado, á quien ningún ejército resistía, y á quien acataban ya como Señor de todas las ciudades de España. El hijo de Yosuf le contestó que estaba en la misma conviccion, y que por lo tanto los dejaría en libertad para que hiciesen con Abdu-r-rahman las avenencias que tuviesen por conveniente, si en cierto plazo, que marcó no fuese recorrido ó levantado el campo.

Derrotado Yosuf Al-Fherí  en las inmediaciones de Adamuz se guareció con los pocos que le quisieron seguir en las montañas del Algarbe; y As-Samil, que habia permanecido á su lado hasta el último momento, se acojió a tierras de Murcia. Desembarazado Abdu-r-rahman de estos enemigos  y adornado con una nueva victoria, apareció sobre el cerco de Córdoba y otorgó a los sitiados una capitulación, con la cual se convino se entregaría la plaza, pudiendo retirarse de ella el hijo de Yosuf con los que quisiesen seguirle; á cuyo efecto, al mismo tiempo que entrase por la puerta de Alcántara (Puente) las fuerzas de Abdu-r-rahman , saldrían las de Yosuf por la Axerquia.”

…/…

“Quedó pues Abdu-r-rahman dueño de la capital; pero aun le faltaba mucho ara serlo de la España. No porque hubiese sufrido una gran derrota, desesperaban Yosuf y As-Samil de reconquistar el poder. En el momento mismo en que se vieron obligados á huir en los campos de Adamuz, acordaron que Yosuf pasaría á pedir socorro á Toledo y As-Samil á Jaen.”

Enlaces de las obras en las que se cita la Batalla de Adamuz:

Historia de Granada: comprendiendo sus cuatro provincias Alamería, Jaén, Granada y Málaga desde remotos tiempos hasta nuestro días.

Historia de Córdoba desde los mas remotos tiempos hasta nuestro días.

Crónicas de la provincia de Jaén.

 

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